jueves, 4 de diciembre de 2008

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Esta vez voy a hablaros de la música, y de las drogas. No pienso hacer una campaña anti-drogas,no soy la más indicada para ello. No pienso fomentar el consumo, no soy una terrorista sanitaria. Solo quiero hablar de un año: 1970; de dos muertes: Hendrix y la reina Joplin. Podemos decir que sus mejores canciones las escribieron hasta el culo de LSD, o que cada mañana necesitaban una raya para afrontar el día. Podemos verlos como unos yonkis o como los reyes que nos arrebataron antes de tiempo. Quizá prefiero ver como mi diosa escribe con un whisky en la mano, sangrando por la nariz y una jeringuilla en una esquina antes que escuchar una canción llamada Bulería. Esa caída en picado y al vacío, llevada quizá por la soledad y ese desgarro emocional que invade sus canciones; que lleva impresa su alma. Sentir cómo cada vez que escuchas su voz desgarrada te invade, sientes el dolor, todo lo que ella sintió antes de irse...una posesión diabólica de la que ni existe ni quieres exorcismos posibles. Por lo menos te queda el consuelo de que, cuando se fue, se fue feliz; y allí donde esté, ha dejado un pedazo de su alma en cada canción. Un pedazo de su alma que se vuelve tuya cada vez que escuchas Tell mama, Cry Baby o Try. Try Queen Joplin, Try just a little bit harder.

2 comentarios:

hachepunto dijo...

Lo mismo se podría deicr de mucha buena literatura. Balzac, Rubén Darío, o incluso ti adorado Oscar Wilde...

pabloalboran dijo...

12 Ques, me parecen excesivos xDDDDDDDDDDDDDDDDDD